Cultura en 3D, más que ficción: un derecho ciudadano

¿En qué gastarías un vale cultural de 25 dólares mensuales? ¿Cine?, ¿teatro?, ¿libros?… Menudo dilema que desde julio de este año 17 millones de brasileños deberán resolver, cuando entre en vigencia el Vale Cultura. Se trata de una tarjeta electrónica que cada mes aportará a la billetera de su portador con 50 reales (45 aportados por el Estado y 5 por el propio ciudadano). La clave del asunto es que ese dinerito sólo podrá ser utilizado en productos artístico-culturales. Jeferson Assumção infla el pecho cada vez que explica este revolucionario sistema de subsidio para el consumo cultural. Secretario Adjunto de Cultura del Estado de Rio Grande Do Sul, Assumção asegura que el Vale Cultura reconfigurará radicalmente la economía cultural en Brasil. “Por ejemplo, en las ciudades donde no existen, se instalarán librerías para satisfacer la nueva demanda que surgirá por la existencia de los vales. Antes nos concentrábamos en financiar la producción de nuestros creadores, ahora también financiaremos el consumo de nuestros bienes culturales”.  Ex coordinador general de la política de lectura de Brasil, el escritor brasileño forma parte de los invitados al 1er Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, que finalizará esta semana en La Paz.

¿Cuéntenos un poco sobre Rio Grande Do Sul?
Somos 11 millones de habitantes en 497 municipios. Porto Alegre es la capital. La vida cultural es muy activa. Por ejemplo contamos con 333 museos y con un sistema de bibliotecas que se están transformando en verdaderos espacios culturales.

Brasil parece vivir un boom cultural, ¿es así?
Sí. Lo que pasa es que la sociedad reconoce la importancia de la cultura en la vida social. Cultura ahora es pensada como un derecho ciudadano más, como lo es la educación, la salud y la seguridad. La presencia de políticas culturales dentro del eje de lo que son las políticas sociales de Brasil es algo nuevo pero imparable ya.

¿Cómo trabaja su Secretaría con los actores culturales de Rio Grande Do Sul?
Principalmente cumplimos las grandes políticas culturales nacionales que fueron desarrolladas por Gilberto Gil y Juca Ferreira, como Puntos de Cultura, la modernización de bibliotecas, la apertura hacia la cultura digital y el impulso de acciones en red colaborativas. Vemos la cultura en tres dimensiones: arte, economía y ciudadanía. Es una redimensión de los  derechos ciudadanos ya que tener acceso a bienes y servicios culturales es tener acceso a más herramientas de participación ciudadana. Esta manera de ver cultura es un tanto nueva en Brasil, especialmente en lo que se refiere a estructurar una economía de la cultura, de derechos culturales y de una infraestructura cultural que permita el acceso a la mayoría de los ciudadanos a la producción y a la expresión simbólica. Es decir, no sólo consumir también producir.

¿Cómo se traduce esas políticas en el día a día?
Principalmente en el aumento del presupuesto para Cultura. Siempre que se piensa que Cultura es algo lateral y pequeño los presupuestos acompañan esa idea. Pero si hay una idea de que Cultura es algo central en el desarrollo económico y social, esa idea será acompañada de presupuesto.

Nosotros trabajamos más con convocatorias públicas que con financiamiento directo de proyectos. Trabajamos en una arquitectura más articulada entre política cultural y ciudadanía. Ahora estamos concentrados en modernizar 110 bibliotecas en el interior del Estado, a través de convocatorias para que las alcaldías aceleren recursos para bibliotecas digitales, mobiliarios y otros. Con Puntos de Cultura hemos incrementado 83 nuevos puntos de culturas en el Estado con convocatorias públicas que no son para las alcaldías sino directamente para los grupos culturales. Y también contamos con acciones de fomento a la economía de la cultura como con el Fondo de Apoyo a la Cultura que nos permite lanzar siete convocatorias que buscan la estructuración de una economía cultural en el Estado.

¿Cuántos recursos destinan anualmente a Cultura?
Para este año tenemos 51 millones de reales de presupuesto propio, unos 25 millones de dólares. Tenemos un ingreso extra por la Ley de Incentivo Cultural que es de 14 millones de dólares por año, que son impuestos que el Estado deja de recibir de empresas para que dichos fondos sean utilizados en proyectos culturales.

¿Algún ejemplo?
La infraestructura cultural es la que requiere mayor atención. Hacer que una biblioteca pase de ser un depósito de libros para convertirse en un centro cultural es fundamental. Y no necesariamente estamos hablando de una gran biblioteca, pues no depende del tamaño de la estructura sino de la oferta que tenga para el ciudadano. Los libros deben convivir con otros soportes de “lectura” como el audiovisual y la tecnología digital. Eso amplía los repertorios y nos amplía la visión del mundo.

Estamos apostando mucho por la Cultura de Red, por la Cultura Digital. Este mes tenemos el segundo encuentro Conexiones Globales. El año pasado tuvimos 10 mil participantes presenciales en la Casa de la Cultura y más de 100 mil conectados por internet. Impulsamos allí los debates sobre cultura y tecnología, sobre cultura y comunicación y sobre cultura y derechos humanos. Nos conectamos con el mundo para debatir y abrimos una ventana de articulación desde Brasil.

¿Cuál es el proyecto más ambicioso?
Queremos consolidar la política de convocatorias con mayor presupuesto. El Estado no hace cultura, lo hace la sociedad. El Estado tiene que poner recursos para que la sociedad haga cultura desde su diversidad.

El arte por sí sólo ya es un valor importante y su autonomía es imprescindible. Nosotros pensamos que la experiencia estética es también una experiencia transformadora desde el punto de vista social e incluso económico. Hacer que la ciudadanía tenga más experiencia estética es algo fundamental para una sociedad mejor. Eso nos convierte en una sociedad más crítica y con más condiciones de interpretar la realidad.

Esse texto é uma contribuição para a Comunicação Compartilhada do I Congresso Latino-Americano de Cultura Viva Comunitária, foi produzido por Javier Badani e publicado originalmente no blog Sueños para atar. As fotos são uma contribuição de Luciana Lima, Saullo Farias Vasconcelos e Ana Fortunato.

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